martes, 18 de julio de 2017

HISTORIAS E HSTERIAS: CAPITULO V

CAPITULO V: 
MATAME DESPACITO, QUE DA MAS GUSTITO.

Esa noche no soñé, tuve pesadillas. La típica esa que corres y corres, y el camino se te hace largo y largo y, cuando llegas al final caes por un precipio que no tiene fin.
El problema es que al final del precipicio estaba mi querido Pocajuntas encabezando algo que parecía como una típica procesión de pueblo, ''typical spanish'', y además, portando una cruz. En sueños pensé que demasiadas cruces llevaba ese señor a cuestas como para encima cargar con esa que parecía de plata y pesar, pesaba. Dios mío lo que tienen que hacer algunos para purgar sus penas y... sus penes.

Así que me acordé de esa gran película en la que Susan Sarandon implora a su hijo que yace en la cama postrado por una grave enfermedad, que ordene a su cerebro, que ordene a su brazo, que ordene a su mano, que ordene a sus dedos que se muevan. Y al final se movieron.
Pues yo ordené a mi cerebro que ordenara a mi cuerpo que se levantara de la cama; pero como el cansancio acuciaba, y tenía a Pocajuntas encima con la cruz y pesaba un huevo y parte del otro, como que me quede cinco minutitos más; disfrutando del espectaculo.
El día se presentaba movidito porque estabamos a 24 horas de la inaguración de eso que ya era mi negocio. Sólo quedaban retocar algunos pequeños detalles, creo que no faltaba nada y a mi entender había quedado bonito, vamos en el argot de mi sobrina, lo calificaría como ''muy cuqui''.
Toda la publicidad que había hecho por internet estaba dando sus frutos y la prueba evidente es que el hotel lo tenía lleno. La verdad que de la cafetería no esperaba mucho y era consciente. Fui consciente de que en ese pueblo ya había un bar que dependía del Ayuntamiento para esos 15 habitantes; pero si encima de eso, uno de los bandos no iba a pisar mi casa por las rencillas con mi propietario, pues lo de la cafetería siempre quedó como una anécdota dentro de las ''Crónicas de un pueblo''. Tampoco me quitaba el sueño, aunque otro con Pocajuntas encima no lo aguantaría.
Sonó la puerta de la cafetería y yo me encontraba en la barra haciéndome un café. En la puerta ví a una señora que evidentemente desentonaba con lo que normalmente había visto en el lugar, porque la señora iba bien arreglada y, encima maquillada. El día anterior ví a la mujer del ingeniero agrónomo y ex-alcalde con unas botas de algo que parecía piel de conejo que daban ''perlesía''. Eso sí, ella se veía monísima con su chandal, sus tacones y los calcetines de perlé; eso que se dice ''arreglá pero informal''. Abrí la puerta con sorpresa y ella misma se presentó enseguida, y claro, yo no reprimí mis hábitos de darle dos besos. Petra se llamaba, y vino a explicarme que todas las semanas venía al pueblo un Bibliobus y que, a lo mejor me era útil para el tema de coger libros y películas para la gente de mi hotel.
Sinceramente me alegro la mañana porque a parte de Alba, Petra confirmó que hay vida después de la muerte y que, por lo menos, había dos personas normales en ese pueblo de dos bandos.
Naturalmente la invité a la inaguración y ella muy gustosa me dijo que acudiría con su marido.
Le pegué un buen sorbo a mi descafeinado de máquina con leche fria y me llené de optimismo.
Todo se truncó de repente al oir un grito de Alba que andaba de limpieza por las habitaciones de arriba. Más que un grito fue un aullido, así que pensé que lo mismo Alba no era Alba, y que lo mismo ese pueblo, a parte de las dimensiones descomunales de sus insectos, incluía sorpresas tales como ''mujeres lobas'' y ''hombres lobos'', en definitiva, licántropos y licántropas. Subí por las escaleras todo concienciado en encontrarme una Alba toda peluda, a cuatro patas y con unas fauces abiertas diciendóme eso de ''para comerte mejor''. Por si acaso, mientras subía las escaleras todo acelerado me santigué y todo, y cuando llegué a esa habitación y abrí la puerta, Dios mío.........
Alba seguía siendo Alba, agradecí a todas las almas benditas del Purgatorio que fuera humana, pero eso sí, estaba de pie delante de la ventana señalando con el dedo así en postura, estatua de Cristobal Colón. Lo que pasa que su dedo no apuntaba a las Américas apuntaba al pollete de la ventana.
Por si acaso se trataba de alguna abeja Maya, me había provisto de mi bote de insecticida y me fui acercando sigiloso como en los documentales de Felix Rodríguez de la Fuente cuando los buitres leonados desplegaban sus alas.
Al llegar a la ventana..... nada, nada de abejas Mayas, pero la visión era dantesca, porque lo que Alba se encontró en el pollete de la ventana y provocó su aullido era ... un condón.
Lo primero que le dije es que mío no era, vamos yo cuando los uso los tiro a la basura y bien envueltos en papel higiénico. Alba, entonces, transformó su aullido en una espectacular carcajada y entre risa y risa, me confesó que había intentado quitarlo pero que el condón estaba literalemente pegado al pollete de la ventana. Por lo tanto, ese condón llevaba ahí meses, que digo meses, cuando acerqué mi cabeza para observarlo, ese condón llevaba ahí años.
Así que comenzamos la ''Operación retirada del condón''. Me puse unos guantes de latex y en mi mano derecha iba provisto de una botella de amoníaco. Tire un buen chorro del líquido, y con la otra mano lo agarré de la puntita y estiré.
Volví a estirar y chorro de amoníaco porque el condón se había mimetizado en el pollete y, vamos que ya formaba parte de la decoración del mismo.
Hasta cuatro chorros utilicé para al final, despegar el condón. Y allí tenía en la mano un condón usado, probablemente proveniente del siglo XX. Lo primero que pensé fue llevarlo al Instituto Forense para ver si con el ADN identificábamos al pedazo de guarro que se dejó eso ahí. Pero para no remover temas, procedí al traslado del objeto a la basura y olvidar. Aunque también se me pasó por la cabeza meterlo en una cajita de metacrilato y venderlo como si se tratara del cuerpo incorrupto de algún santo varón
Pero sonó el timbre de entrada de la puerta del Hotel, así que me apresuré a deshacerme de la prueba del delito. Era un mensajero con un paquete, en esos día previos a la inaguración fueron muchos los mensajeros que visitaron mi casa. De hecho, creo que desde que pisé ese pueblo, Amazón conmigo incrementó sus ventas en la zona.
En este caso, y después de muchas reclamaciones, por fin llegaba el routter para que el internet en vez de ir a la velocodad de los caracoles, fuera, al menos, a la velocidad de las tortugas.
No soy ducho ni en temas de electricidad, ni en temas de bricolaje y reconozco que no me sirvió para nada cargarme todos los sábados por la mañana el programa ese de Bricomanía en la que ese señor barbudo te hacía un armario ropero con sus propias manitas.
Al menos el routter venía con instruccciones y se veía harto fácil, conectar cable A a la clavija B y el enchufe C meterlo en la toma electrónica.
Me dispuse a encontrar el cable A que se supone que debía estar debajo del mostrador de recepción y la verdad que encontré también un cable B, y un C, y un D... vamos que hasta que conté doce cables y de todos los colores. El cable que supuse A estaba conectado a algo que parecía otro routter con tres antenas que parecían los cuernos de un alce. Ante tanta aglomeración de cables, interruptores, clavijas y demás abalorios sitos allí, decidí ir a lo positivo y utilizar el comodín de la llamada.
La verdad que el chico que me atendió por el teléfono fue muy claro y conciso obligándome a retirar todo el claverio que había y tirarlo a la basura. Eso sí, quedó un cable que atravesaba la pared y llevaba rumbo al cuerto de calderas. Me picó la curiosidad y lo seguí a través del cuarto de calderas... y llevaba a la cocina. Lo seguí por la cocina y !oh prodigio! el cable salía al exterior del jardín y se adentraba en el cuarto de los trastos. Y allí en el cuarto de los trastos, el cable salía curiosamente por la pared y, si mi orientación no me fallaba, salía al exterior, por lo que supuse, que yo estaba proveyendo de internet a todo el pueblo. Así que como realmente lo que yo había alquilado eran un Hotel con restaurante y cafetería y no una ONG, corté el dichoso cable. Supongo que en ese momento, en el pueblo se produjo un apagón analógico, pero los tiempos cambian y uno no es la Madre Teresa de Calcuta.
Así que entre condones usados y fosilizados, routter con cuernos, cables de colorines y demás; se me pasó el día.
Mañana sería mi gran día y creo que me encontraba suficientemente preparado, hasta para enfrentarme con un embarazo no deseado.

Continuará....





5 comentarios:

  1. Vamos, que sólo falta ya el Yeti, el Chupacabras y alguna cara de las de Bélmez por las paredes para tener el cupo completo. No me dirás que las tierras castellanas no esconden pequeños prodigios cotidianos.

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    1. Uffff! ni te imaginas la de prodigios y prodigiosos que me estoy encontrando. Mua.

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  2. Que sepas corazón, que no estas en un pueblo cualquiera, "este" es !!!! muy peculia!!!! poco a poco veo que lo vas descubriendo.

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    1. Con gente tan maravillosa como tú.... es excepcional!!!!!!!!

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  3. Con gente tan maravillosa como tú.... es excepcional!!!!!!!!

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