lunes, 19 de junio de 2017

HISTORIAS E HISTERIAS: CAPITULO III

CAPITULO III: 
ALGUNOS NO DESCANSAMOS NI EN DOMINGO


Como mi objetivo era abrir el día 1, los siguientes días fueron duros.
Si bien mi querido casero me lo dejo todo impoluto y sin mácula, la verdad que el tema de retocar, y dejar al hijo a imagen del padre, me resultó complicado; máxime cuando yo por naturaleza soy perfeccionista. Se me olvidó comentaros que dentro del holding que había adquirido también estaba un pequeño hotelito rural con unas cuantas habitaciones.
Mi objetivo es que fuera una casa, es decir, que aquel que visitara mi ''lar'' se sintiera como en su casa, así que mimé hasta el último detalle.
Llegado el domingo, y después de levantarme a las 6 de la mañana y darme cuenta a las 10, que no estaba santificando las fiestas, decidí parar y desconectar.
Me saqué una silla al jardin y miré al horizonte. Se atisbaban esos Campos de Castilla que tan bien describió Machado, pero también después de fijarme en el suelo, se atisbaba algo que era como una salchichita que andaba y se contoneaba. Corroboré entonces mis sospechas, en este pueblo todo es grande.
La salchichita no era tal salchichita, era un pedazo de gusano, que tampoco puedo decir que fuera un cienpies, porque a simple vista tenía dos mil pies.
Me planteé el pisar a la salchichita pero también pensé en la carnicería que iba a hacer, y entonces decidí darle una patada y arrojarla de nuevo al jardín para que volviera a su hábitat natural. 
Entre arañas, moscas varias, abejorros, distintos coleõpteros y demás, casi que ya me encontraba sumergido en un hábitat que no se vivía en la gran ciudad.
A Alba la tenía de limpieza por la cocina y las habitaciones y decidí darle el día libre; para que disfrutara de un domingo tranquilo.
Sólo; ya en mis dominios, me hice la pregunta clave, esa que te haces cuando no sabes estar ocioso, esa de; qué hago ahora.
Alba me dijo que me tenía que relacionar con la gente del lugar porque la verdad en siete días que llevaba; poca había sido la relación pero me daba un poco de mal rollo bajar al bar del pueblo.
Por cierto, no os lo he comentado mi pueblo con 15 habitantes tiene dos bares; el mío y uno que está en las propias dependencias del Ayuntamiento, y vamos hasta lo sacan a concurso y todo. Quiere eso decir que los ciudadanos de mi pueblo son los más afortunados del mundo porque hay un bar por cada 7 habitantes. Aquí entre nosotros, a mí me resultaba de risa que la prioridad de un Ayuntamiento sea tener un bar, y no sea, tener museos, cines ... en fin cultura. Pero como yo no he venido a este mundo para salvarlo, allá cada cual donde redima sus penas.
Me salí a la puerta de mi bar que estaba hermosa con los dos macetones que lo presidían, dos madroños, y me senté en las escaleras.
En serio, que la paz que aquí se respira no es normal, así que mientras los bichos son grandes, la tranquilidad es superior. Pero esa tranuilidad enseguida se me vio turbada por la presencia de un humilde vecino del pueblo. Estaba claro que paseaba por allí a propósito, ''ex profeso'' que se dice y como alma que lleva el diablo se acercó hacia mí no sin antes, echar ojo a todo lo que veía.
Un buenos días que supo a medias tardes, y lo siguiente fue decirme, que alguien le dijo, que el otro comentó que yo era catalán. Como detecté que el humilde lugareño estaba interesado por la patria que me parió; le aclaré que yo soy alicantino y que había vivido por varios lugares del orbe, pero que en definitiva y no me duelen prendas decirlo, uno es español que para eso pago mis impuestos. Se sintió incómodo al saber que alguien le había mentido con mi patria, pero bueno la gente por decir, dice y se desdice.
Cuando ya casi le estaba cogiendo cariño, el lugareño me mira de arriba abajo y me espeta eso que se espeta cuando alguien quiere hacerte una advertencia. Entonces el buen hombre me cuenta que en el pueblo hay dos bandos y que uno de los bandos no vendrá a mi bar porque odian a muerte a la familia de mi casero.
Y yo pensé, joder Dios mío, encima que paro para santificar las fiestas, resulta que ahora me encuentro metido en una batalla; que no es mi batalla. Dios santo y todopoderoso, en este pueblo hay dos bandos.
En unos momentos y al hablarme de bandos, mi mente calenturienta se desplazó de repente a Sierra Morena y a la época de Curro Jimenez, pero tambíen a Sicilia o las cosas de La Cosa Nostra, aunque la verdad que de repente, me ví metido en una película de Fellini con eso de los dos bandos. Ya me imaginaba cuando los dos bandos se juntaran en las fiestas del pueblo, y los veía metidos en sus trincheras y con sus tirachinas, lo véis, es digno de una película de Fellini.
Por primera vez en mi vida, mi mente se bloqueó y no supe que responder, Vamos hubo incluso como un paso de ángeles y todo quedo en silencio.
Como unos minutos de silencio atroz, en las que yo mismo, ni me creía que me mantuviera callado. Así que como siempre y para salvarme en los momentos más agudos, mi madre bajó de los cielos y me susurró al oido lo que le tenía que responder, a ese lugareño que yo creo que desde entonces lo bauticé como el cronista que todo pueblo que se precie debe tener.
Quedé de lujo con mi contestación. Joder, luego la analice y dije ''te ha quedado niquelada''. Sobre todo esa frase en la que le expliqué que mi puerta estaba abierta para todo el mundo, cuando realmente lo que quería decirle es que a mi qué cojones me importaban las batallitas y las estupideces que me estaba contando. Mi madre, es que cuado adopta el rol de ángel es de lo más diplomática.
Así que buen comienzo, en siete días y sin comermelo ni beberlo; ya me había granjeado la enemistad de la mitad del pueblo, vamos de siete habitantes, al menos esperaba que los otros siete no fueran de la misma calaña que la del bando enemigo. Por Dios bendito, me había trasladado a vivir al pueblo donde habitaban ''Los siete jinetes del Apocalipsis''.
Llamé enseguida a Alba para contarle la anécdota y la pobre mujer a los diez minutos ya estaba a mi vera.... y un poco sin aliento porque vino corriendo desde su casa.
Es grande esta mujer, grande como persona pero grande en humanidad y que un humano tenga humanidad es raro. 
Alba me puso al día del tema bandos y que contra, pues nos reímos, lo mejor es darle puntadas a las adversidades.
Que en un lugar llamado España y en un año como 2017 después de Cristo, nos encontremos en un pueblo de Castilla lo mismo que relató Blasco Ibañez en ''La Barraca'' allá por el 1898. me pareció super heavy, tanto, que hasta creo que tuve una erección. Así que decidí seguir sentado.
Pensé que lo que este pueblo necesitaba era marcha. Enseguida mi mente calenturienta volvió a pensar en contratar a una vedette, montarle un escenario en la plaza de la Iglesia y que les cantara a los bandos eso de.... agradecida y emocionada, solamente puedo decir, gracias por venir. Eso sí, la vedette debería ir vestida como las de antaño, mucho poderío de plumas y una buena ración de hielo en las tetas para estar a la altura de la idiosincrasía particular de este lugar.
Aunque pensándolo mejor, virgencita que se quede la cosa como está, no sea que la vedette caiga bien y me granjee la enemistad de las mujeres de los bandos y el asunto se me escape de las manos.
Hablando de mujeres, recordé que hacía mucho que no hablaba con mi amiga Ingrid y, además que mala amiga; no me había contestado a mi último whatsupp.
Cogí mi móvil y cuando entré para ver si había contestado mi mensaje, mis ojos se pusieron como platos y, elevé un grito al cielo de sorpresa porque Ingrid me había bloqueado.
Al principio pensé que era probable que hubiera cambiado de móvil y perdiera mi móvil, así que mandé un mensaje a Yolanda, otra de las amigas de la panda, preguntando por la reina. A los cinco segundos, Yolanda respondió con un escueto:

- Ahora no puedo hablar, ya te llamaré y te cuento; pero tela marinera.

Eso no se me hace a mí. A mí no me dejes con la miel en los labios y estaba claro que la ''historia Ingrid'' se escribiría en un pergamino y con lágrimas de sangre.
A todo esto Alba que había aprovechado para tender una lavadora, al llegar y verme la carita, simplemente me abrazó. Luego nos dimos cuenta que era mejor que no nos abrazáramos porque nuestras energías se mezclaban y casi generábamos en cada abrazo una fusión nuclear.
Eran las 14:00 horas de un domingo santo y lo único que Dios me había dado por santificarle su fiesta fué un gusano con pinta de salchicha, una historia de bandos y una amiga que te bloquea del Whatsupp. 
Como no estaba dispuesto a recibir más coces, le pedí a Alba que se fuera, cerré la puerta del bar, me aposté sobre el grifo de cerveza y me puse una pedazo de caña de las quitan hipo.
Como no podía ser menos, levanté el vaso al aire y, brindé por la cándida adolescencia.

Continuará...

2 comentarios:

  1. Esos piques de pueblos que se remontan a ni se sabe cuando y, en ocasiones, si siquiera el porqué.

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    1. Pero mira sin comerlo, ni beberlo...... toma del frasco, Carrasco

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