domingo, 26 de marzo de 2017

MARIA

Hoy es el cumpleaños de alguien muy especial para mí.

Como me dijiste un día, hoy te hago el regalo que esperabas, ella sólo quería que le escribiera algo.



Pues hoy me ha visitado la musa y aquí tienes mi regalo que más que regalo es un agradecimiento, un eterno agradecimiento a la mujer que me salvó la vida.

Un mil gracias a toda esa gente que salva vidas sin saberlo.

Todo comenzó un 1 de julio de 2012 cuando el destino tocó mi cuerpo y mientras paseaba por la Calle Huertas a las 8 de la mañana me desplomé.

Caí al suelo fulminado, me dio una embolia.

Todavía me siguen viniendo a la mente imágenes y sonidos de ese mal rato.

Oía a gente pasar, veía incluso amaneceres dorados, tuneles negros, ví a mi madre; la sentí.

Naturalmente no podía ser mi madre.

De todas esas personas que pasaron por mi lado mientras yo yacía en el suelo, sólo se paró una; una mujer, una mujer que me tomó la mano y me habló. Una mujer que incluso, siendo ella tan fragil y yo tan corpulento, me movió; una mujer que movilizó a otra persona, y juntos consiguieron que yo llegara a tiempo al hospital.

Sólo recuerdo que desperté lleno de cables, y que esa madre con la que por lo visto, hablé en mis momentos de insconsciencia; no era mi madre, era mi salvadora, era MARIA.

María tenía 68 años, una mujer avanzada a su tiempo, viuda y con un hijo por ahí.

En cada surco de los que recorrían su cara había una historia de superación que contar.

Con ella conviví, coexistí, cohabité durante dos meses, meses en los que mi recuperación fue milagrosa.

Creo que María no era humana, era divina, fue mi ángel de la guarda.

Nuestros paseos interminables por el Retiro eran memorables, nuestras charlas sobre las cosas que no tienen solución eran alucinantes, y nuestras deliberaciones sobre lo divino y lo humano fueron para escribir un libro.

Creo que lo nuestro fue una adopción mutua, yo la adopté como madre y ella me adoptó como hijo.

Al poco de conocernos, su hijo, el verdadero, decidió que su madre debería vivir con él, y yo decidí volverme a Alicante.

María al final consiguió tener dos hijos. Es bueno que los humanos reconozcamos nuestros errores y para María fue una explosión de alegría que su hijo se diera cuenta que la madre que lo parió era, no sólo su madre, sino una mujer con unas enormes ganas de amar, de ser amada y recuperar todo ese tiempo que perdieron.

María siempre pensó que la relación que ella y yo mantuvimos despertó ese ''sentimiento de hijo'', en su hijo; sentimiento que ella siempre sabía que estaba.

Encima tuvo la increíble humildad, eso que hoy cuesta tanto y se ve muy poquito, de que el día que nos separamos darme las gracias.

Yo recuerdo que la mire y le dije, con esa confianza que llegamos a coger eso de... ''anda tonta, tócate el toto''.

Nuestra despedida fue un mar Mediterráneo de lágrimas, un abrazo de oso como a ella le gustaba, y un juntar nuestras caras y decirnos al oido... TE QUIERO, NUNCA TE OLVIDARE Y LUCHA.

Pues eso, cielo mío, TE QUIERO, NUNCA TE OLVIDARE Y LUCHA.

Te deseo muchos amaneceres dorados, muchos paseos por la yerba, muchas visitas a la mar, y muchas noches de luna llena.

Eres grande mujer, grande entre las grandes y sin pecar de blasfemo yo creo que te diría, eso de:

Bendita tú entre las mujeres......

5 comentarios:

  1. Tu capacidad de sentir y de verbalizar lo que sientes es algo que me deja pasmada.

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    1. Calla Charneca..... porque tú también eres BENDITA ENTRE LAS MUJERES!!!!!!

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  2. Estoy temblando ahora mismo, que historia más bonita!!

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  3. Estoy temblando ahora mismo, que historia más bonita!!

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    1. Muchas gracias mi querida LUNA, es que los lunáticos somos muy sentíos!!!!!!

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