sábado, 12 de marzo de 2016

UN RELATO BREVE: LA HUIDA

Cerró la puerta y quedó a sus espaldas una helada sensación de derrota.
No miró atrás y empezó a andar.
Sintió el aliento de alguien que le resoplaba en el cuello.
Aceleró el paso, oía gritos, insultos, abucheos; no miró atrás y empezó a correr.
En ese punto en el que su cuerpo no podía más, que las piernas le fallaban, que no podía resoplar, cayó al suelo.




El sol le daba en la cara, casi le quemaba y estaba sudado, cansado, agotado.
Nunca había podido pensar con la boca seca, pero en esta situación, su mente que siempre iba acelerada parece que volaba.
No reprimió el instinto de incorporarse un poco y mirar el camino que había recorrido; era mucho, pero todavía no se sentía a salvo.
Las piernas no le respondían, así que fue reptando, clavaba las manos en la tierra y así iba avanzando a un destino que él sabía que no era su destino.
Encontró agua y bebió; encontró comida tirada en el suelo y comió.
Se pudo incorporar y empezó de nuevo el camino.
Andaba y se paraba, resollando cual bestia del campo.
Después de seis horas andando, encontró el final del camino.
Vió su cara reflejada y hasta el mismo se asustó.
Allí se plantó, en el final del camino, mirando a lo alto para que esos de los que esperaba esperanza le reconocieran.
Una puerta se abrió y no dudó en entrar.
Le esperaban en las escaleras con ojos perplejos y con cara de querer hacer muchas preguntas.
Suplicó un poco de agua, poder lavarse y poder dormir.
Cuando despertara hablaría, daría todas las explicaciones necesarias.
Entre sueños oía voces, voces que no quería escuchar.
La voz femenina decía con un aterrador eco, eso que él no quería haber escuchado y que escuchó.
Despertó y esperó a que todos se acostaran..... y se fue.
Volvió al camino que había ya recorrido.
Pero tenía claro que no podía ir ni para el Norte, ni para el Sur.
Miró al cielo que vislumbraba un amanecer caluroso y preguntó.
No recibió respuestas.
Enterró todo los muertos de su pasado, sus recuerdos, los olores y sabores de la niñez, la juventud, las amistades, todo.
Salió del camino y empezó de nuevo andar.
La ruta era más complicada, con más obstaculos, con más calor, con más hambre y sed.
Pasaron los días y cuando tuvo el convencimiento de que el camino estaba lo suficientemente lejos; se sentó.
Allí se quedó.....y, de nuevo, empezó a luchar; por VIVIR.

Porque la VIDA, vale la pena caminarla.

4 comentarios:

  1. A veces nos quedamos tirados en el camino, varados como una ballena agonizante, tan cerca y tan lejos del agua y, sin embargo, ahogándonos. A veces, también, vivir no merece la pena. Sobre todo cuando la vida es estéril y está llena de alambres de espino.
    Gracias por volver a escribir, lo extrañaba.

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  2. Tengo debilidad por tus relatos, especialmente si muestran recuerdos y vivencias, y también por estos otros, siempre inquietantes, siempre interesantes.

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