viernes, 7 de noviembre de 2014

EL CIELO PUEDE ESPERAR, LA TIERRA NO.

El cielo se encontraba convulso casi como la tierra, era una constante.

El último ángel caído había perecido, así que Dios, no tenía claro lo que debía hacer. Por primera vez, Dios estaba perdido.

Angeles y Demonios se encontraban en una gran batalla, en la que ya no se sabía donde estaba la frontera entre el bien y el mal.

Copyright © Dino Lupani

Los hombres, la gran mayoría de ellos, habían seguido al último ángel caido y fue entonces cuando, Dios se planteó si el sacrificio de su hijo fue necesario, si la expiación del cordero de Dios había servido para algo.

El hombre había aprendido de la serpiente las artes de la guerra, de la confusión, del caos y los seres humanos desarrollaron facultades y vicios nuevos como la depravación, el soborno, el vicio, el chantaje.... ya todo valía, el pecado no existía, todo estaba permitido.

Sólo muy pocos sobrevivían a no morder la manzana pero el último ángel caído se había encargado de confundir a esos pocos de la existencia de una nueva liberación, una nueva forma de mal, llamada egoísmo, caos total. El Apocalipsis estaba cercano.


Un egoísmo disfrazado de hombre con poder, un hombre que prometía riquezas y buena situación, un hombre que se aprovecha de otro hombre y éste del otro, y así una espiral que no iba a tener fin. Era el fin la única salida al caos.

Dios estaba confundido y el Consejo de Dioses era consciente que si el Dios celestial entraba en el caos, el cielo y la tierra no tendrían más razón que unificarse ser uno. Hombres, Dioses, Angeles y Demonios, todos juntos, sin ninguna distinción.

Incluso Dios se planteó el tema de volver a crear descendencía, alguien que fuera fuerte y que retomara lo que la muerte de su hijo no consiguió.

No encontró mujer capaz de soportar esa carga, no existía mujer capaz de albergar en su vientre a un heredero; por eso, decidió ser el mismo el que debía purgar todos los males de la tierra, para cuadrar el orden en el cielo, el orden en el Universo conocido.

Bajó a la tierra pero no le recibió nadie y se encontró con el desierto, un desierto con muchos líderes, líderes que habían conseguido su poder de forma corrupta, líderes que habían absorbido el poder de reflexión del hombre.

Después de mucho vagar sin rumbo, encontró la respuesta en un hombre que estaba tendido a la orilla de un mar negro. Todo en la Tierra había perdido su color.

Cuando Dios se acercó a él las únicas palabras que pudieron salir de la boca de ese hombre le retumbaron en sus oídos. Fueron como una sentencia.

Ese hombre le suplicó que lo matara, que no aguantaba más su dolor, que tenía hambre y que no tenía un sitio donde dormir. Ese hombre estaba solo.

Y Dios lloró porque no era ese el destino que había planificado para el hombre.

Ascendió de nuevo al cielo y congregó al Consejo, un Consejo que también estaba corrupto.

Copyright © Dino Lupani
No dió tiempo para revueltas, ni para conspiraciones.

Dios sabía que la solución a todo era acabar con él mismo.....y así lo hizo, el Padre se inmoló.

Algo retumbó en el cielo que hizo que las nubes se apoderaran de la Tierra y Angeles y Demonios caían fulminados y esas nubes cubrieron la tierra de Norte a Sur y de Este a Oeste; con un blanco y negro que, en definitiva, era bello.

Muy pocos hombres sobrevivieron, entre ellos ese último enfermo que fue el último que vió a Dios.

Sobre ese hombre, Dios volvió a construir su casa.

Ese hombre se convirtió en el lider, y la Biblia que quedó grabada en su mente fué el libro al que él acudía cada vez que algo reclamaba de su justicia.

Desde entonces el hombre perdió la capacidad de ser feliz, de sonreir, incluso de amar. El Genesis empezó de nuevo.

Las nubes camparon durante mucho, mucho tiempo en un tierra que perdió el cielo.

Primero gracias a Rocio por ser la voz de estas letras, todo un honor.
Las fotos que adornan este texto son obra de Dino Lupani, un dios en el arte de la fotografía. Nadie como él domina el blanco y el negro, y nadie como él da tanta vida a las nubes y el cielo. Gracias Dino por tu colaboración. 
Podéis admirar su obra en www.dinolupani.com



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