viernes, 25 de julio de 2014

RUMBO A TI

Declaro mi pasión por la gente que ama, que sabe amar.

Realmente, ¿qué es el amor?

Pues dicen algunos que el amor es esa cosa que te enrolla, que te enrolla y te vuelve gilipollas.

Un poco gilipollas sí que te deja.

Yo que me he enamorado a primera vista, que me he enamorado por teléfono y hasta creo que me enamoré por Facebook me declaro un enamorado empedernido. ¿Seré un adicto al amor?

Y me explico.

Hasta en el sexo, y me refiero a la cama, he gozado más de hacer el amor que de follar. Cuando la plenitud es completa la cama se convierte en ese teatro donde los amantes interpretan sus verdaderos papeles, e incluso se atreven a interpretar otros. No hay límites, salvo los que cada uno marque, ni horizonte porque un amor completo es el que traspasa el orbe.

Pero como no sólo de pan vive el hombre, el amor también debe ser pleno fuera de la cama. Cuando escuchas cosas como la de no invadir la burbuja, necesito tiempo o donde está mi libertad; comprendes y entiendes que algo ha fallado.

Porque aclaro.....

Mi amor, si te amo, quiero que andes a mi lado siempre.

Mi amor, si te amo, mi libertad es la tuya y quiero que la compartas.

Mi amor si te amo, quiero que vivas conmigo en mi burbuja.

Aunque haga calor quiero dormir abrazado para que cuando haga frio yo te de el calor que necesitas.

Pero amar no es una lucha ni una pugna; es un complemento directo que cuando se convierte en indirecto genera una frase dubitativa.

Y claro; el amor, ¿hace daño?.... pues no.

Lo que hace daño es el desamor, el amor hace feliz.

Así que amigos y amigas cuando el amor os haga daño, un consejo....... volar a otro nido.

Alguien que se hace llamar Hugo Neyda escribió en un momento de desamor estas letras tan ciertas sobre el amor.

Se abre el telón.

Aparece un hombre andando desde el fondo del escenario.
Parece sólo, abatido sin rumbo.
Llega al centro del escenario y se tumba.
Empieza a sonar una música de timbales y trompetas, estridente, fuerte.
Aparecen enseguida dos sombras, altas, hermosas con movimientos insinuantes.
Se acercan al hombre y le rodean.
El hombre mira a un lado y al otro, las dos sombras se tumban una a cada lado y le abrazan.

Comienza el cortejo.
Una de las sombras se acerca a sus labios y los besa, con pasión casi con vicio, pasa su lengua por toda la boca, muerde su labio inferior.
La otra sombra usa sus manos, es experta en el arte del flamenco, es expresiva y artista. Primero coloca la mano sobre el pecho del hombre y lentamente y casi rozando su piel la va bajando hasta toparse con el éxtasis.

La sombra artista comienza su baile, de repente, suena una música de castañuelas y la mano de la sombra se mueve al ritmo de ellas.
El hombre jadea, se excita, casi llega a la extenuación, emite gemidos como los animales que se aparean.

La primera sombra se incorpora y se sienta sobre la cabeza del hombre.
La segunda no es menos, es envidiosa, es infalible en sus artimañas, quiere dominar, quiere poseer.

Comienzan un baile en el que el hombre es sólo un objeto; un baile en el que las sombras dominan manejan a su antojo se sienten poseedoras.

El hombre se siente poseído, subyugado a los deseos de ellas.
El hombre está invadido por la oscuridad, casi no ve, pero no le importa en ese momento le apetece gozar de la situación.

Las sombras siguen danzando encima del hombre primero con movimientos acompasados, luego con movimientos desbocados casi cabalgando encima de él.

Parece que el tiempo se haya detenido, parece que el segundero no corra....

Suena una campana, doce repiques....
Aparecen doce mujeres desnudas en el escenario con el rostro tapado con doce pañuelos rojos.
Aparecen doce seres con el torso de hombre pero el cuerpo de caballo.
Ante los ojos del hombre las doce mujeres son poseídas por esos seres y el hombre es poseído por las sombras.

Se oscurece el escenario y al momento se hace la luz.
Un espejo aparece en un lado del hombre y una voz clama diciendo al hombre que se mire al espejo.
El hombre lo hace y comienza a llorar.
Es tal la repulsión que siente de la imagen que ve, que el hombre se suicida tragándose su propia lengua.
Aparecen las dos sombras victoriosas y enseñan su rostro.
La mente y el corazón del hombre eran las sombras y el hombre sucumbe ante él mismo.

3 comentarios:

  1. A estas alturas de mi vida y creo que todavía no he encontrado el verdadero amor. Se parece mucho al tuyo. Me he enamorado, sí, pero nunca he sido correspondida como supongo que debería serlo. Quizá es porque como decía la canción: "el amor es sólo para las reinas del baile" y yo nunca he llevado corona. Me encanta el relato, es terriblemente oscuro pero tiene muchísimo fondo. Muchos besos.

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